Tarea pendiente: la vida pública

Tarea pendiente: la vida pública

Luis Solari de la Fuente
Ex Primer Ministro

El Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium ha indicado con firmeza:

“La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás. Pero si uno separa la tarea por una parte y la propia privacidad por otra, todo se vuelve gris y estará permanentemente buscando reconocimientos o defendiendo sus propias necesidades. Dejará de ser pueblo” (n.273).

Es en ese marco que debemos preguntarnos si estamos en la misión de ser para los demás, o si tenemos un horario para ello; si llevamos esa misión “marcada a fuego” en nuestro ser, o es una intermitencia emocional.

Esto es clave en quienes participan en la conducción social de una nación, pues será muy diferente el que se entrega al que solo está por un interés personal.

¿Dónde están esas mujeres y esos hombres que a lo largo del siglo XX han egresado de los hoy 220 Institutos y Universidades Católicas de América Latina? ¿Ha sido su formación más académica que humanista cristiana? ¿Hemos permitido que nuestro encuentro con el Señor nos convierta en “discípulos y misioneros”, o es que le hemos puesto límites suficientes para que la misión no sea “parte de mi vida”, como indica el Papa Francisco?

¿Acaso vamos a “ponernos de costado” al ver que se han cumplido las proféticas palabras de los Pontífices León XIII y Pío XII, sobre la intrusión de personas sin principios en la política, cuando los que debieran estar en ella les dejan libre tal espacio?

La respuesta a esta crucial pregunta en América Latina y en nuestro país, recibe iluminación desde la Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política (2002) de la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger:

“En el plano de la militancia política concreta, es importante hacer notar que el carácter contingente de algunas opciones en materia social, el hecho de que a menudo sean moralmente posibles diversas estrategias para realizar o garantizar un mismo valor sustancial de fondo, la posibilidad de interpretar de manera diferente algunos principios básicos de la teoría política, y la complejidad técnica de buena parte de los problemas políticos, explican el hecho de que generalmente pueda darse una pluralidad de partidos en los cuales puedan militar los católicos para ejercitar -particularmente por la representación parlamentaria- su derecho-deber de participar en la construcción de la vida civil de su País. (C.V. II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, nn. 43 y 75). Esta obvia constatación no puede ser confundida, sin embargo, con un indistinto pluralismo en la elección de los principios morales y los valores sustanciales a los cuales se hace referencia. La legítima pluralidad de opciones temporales mantiene íntegra la matriz de la que proviene el compromiso de los católicos en la política, que hace referencia directa a la doctrina moral y social cristiana. Sobre esta enseñanza los laicos católicos están obligados a confrontarse siempre para tener la certeza de que la propia participación en la vida política esté caracterizada por una coherente responsabilidad hacia las realidades temporales (n. 3).

¡Sí! Estamos en un territorio lleno de cristianos, pero que es también el segundo territorio más corrupto del planeta y el más desigual del planeta. Un territorio donde a millones les faltó el año pasado dinero para comprar comida. En un territorio así, es hora de que los creyentes “paguemos” la deuda de fraternidad que tenemos con nuestros propios pueblos. Vivir la donación personal mediante la participación en lo público -como señala la citada nota- es un derecho-deber.

La política, las redes sociales, la vida pública, las asociaciones civiles, la calle, son lugares donde cada uno debe co-participar en la conducción social de nuestro país. Pero, participar con entrega, “de alma”, como indica el Papa Francisco.

Indica la Nota citada:

“El compromiso del cristiano en el mundo, en dos mil años de historia, se ha expresado en diferentes modos. Uno de ellos ha sido el de la participación en la acción política…..: «el hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral» (n. 1).

¿Le parece terrible la política? ¿Usted no tiene nada que ver con lo que hacen los que nos gobiernan? Recordemos lo que nos dijera el Papa Francisco en setiembre 2013:

“Ninguno de nosotros puede decir: “Yo no tengo nada que ver con esto, son ellos los que gobiernan… No, no, yo soy responsable de su gobierno y tengo que hacer lo mejor, para que ellos gobiernen bien y tengo que hacer lo mejor por participar en la política como pueda. “La política -dice la Doctrina Social de la Iglesia- es una de las formas más elevadas de la caridad, porque sirve al bien común. No puedo lavarme las manos, ¿eh? ¡Todos tenemos que dar algo!” (Homilía en la Casa Santa Marta).

Sí, todos tenemos algo que dar: darnos a nosotros mismos a los demás. ¡Participa! ¡No seas tibio!

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